Morto l’ex ammiraglio Massera, era sotto processo a Roma per i desaparecidos argentini

lunedì, 8 Novembre, 2010

Fino all’ultimo Emilio Massera (nella foto, a sinistra, accanto a Videla) aveva cercato di sfuggire alla giustizia italiana che l’ha citato in giudizio nel  processo tuttora in corso per la scomparsa di tre italiani d’Argentina, Giovanni e Susana Pegoraro padre e figlia e Maria Angela Aieta. Il vecchio ammiraglio golpista, capo della famigerata scuola della Marina Esma, aveva paura dell’Italia.

E si era dato per pazzo, con certificati vari, tanta era la paura di finire nelle mani di questi giudici che da dieci anni come Giancarlo Capaldo cercano di fare un po’ di giustizia su questa storia orribile dei desaparecidos argentini.

Ora è morto a Buenos Aires.  Massera era uno dei membri della giunta militare che rovesciò Isabelita Peron e guidò l’ultima dittatura in Argentina, dal 1976 al 1983, insieme a Jorge Rafael Videla, Leopoldo Galtieri e Orlando Ramón Agosti.

La sua morte è stata resa nota dall’agenzia Telam: Massera, che aveva 85 anni, è morto a causa di un ictus presso l’Hospital Naval della capitale. Già nel 2003 era stato colpito da un’emorragia cerebrale che gli aveva permesso di evitare il tribunale dove doveva rispondere all’accusa di crimini contro l’umanità.
Massera era infatti considerato uno dei simboli della repressione in Argentina. Come comandante in capo della Marina fino al settembre 1978, Massera era direttamente responsabile della scuola di meccanica della marina (Esma) dove, durante la dittatura, oltre 5 mila persone furono torturate e uccise sommariamente; molti i gettati in mare dagli aerei nei famigerati voli della morte.
Nel 1985 fu condannato per violazione dei diritti umani ma, come i suoi colleghi, fu graziato nel 1990 dal presidente Menem. Nel 1998 fu però incriminato per il sequestro di centinaia di bambini, figli dei desaparecidos massacrati negli anni del regime. Il suo nome figurava  tra i membri della loggia P2. E proprio dell’Esma si era avvalso, a suon di passaporti falsi, lo stesso Licio Gelli.

Si fermerà dunque il processo che con tanta fatica era stato istruito contro di lui e portato in aula di fronte alla I Corte d’Assise di Roma. Un processo che andava avanti dal 2009 e che ha visto venire in aula tanti accusatori dei metodi criminali dei golpisti alla Massera, persone che con dolore e fermezza hanno rievocato quegli anni orribili. Il 16 novembre l’udienza prevista in  Corte d’Assise dovrà prenderne atto. Parola d’ordine: “Hasta a l’ultimo lo vamos a buscar…”. Ma ora è morto.

E ora? Ora resta l’altro processo contro il pm militare cileno Alfonso Podlech, il secondo processo che si celebra di fronte alla stessa I Corte d’Assise di Roma, per la scomparsa dell’ex sacerdote Omar Venturelli militante di Cristiani per il Socialismo. La prossima udienza è prevista il I dicembre,  invitiamo tutti coloro che hanno finora seguito questa resa dei conti con i militari golpisti e assassini a continuare a farlo partecipando alle sedute di questo processo.

L’articolo del Pais:

El almirante Emilio Eduardo Massera, de 84 años, el hombre que convirtió a la Armada argentina en sinónimo de espanto y que animó a muchos de sus oficiales a transformarse en torturadores, secuestradores y asesinos, falleció el lunes en el Hospital Naval de Buenos Aires víctima de un derrame cerebral. Massera, integrante de las Juntas militares que gobernaron el país entre 1976 y 1983, sufrió en 2002 un aneurisma vascular que derivó en un deterioro “crónico e irreversible” y terminó sus días demente e incapaz.

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Massera fue, entre todos los militares que protagonizaron el golpe de Estado de marzo de 1976 y el terrible “Proceso de Reorganización Nacional”, el que más aspiraciones políticas alimentó. De hecho, pretendió incluso presentarse como candidato a la presidencia de la nación, recién acabada la dictadura militar. Su “carrera” y su increíble egolatría fueron cortadas de cuajo, primero por la acusación de haber tirado al mar, desde su yate oficial, al marido de una de sus amantes y luego, por la famosa causa judicial “Nunca Más” abierta por el Gobierno democrático de Raúl Alfonsín, que terminó, en 1985, con la condena a cadena perpetua de los principales responsables de la dictadura militar. El llamado “Proceso” supuso la muerte y desaparición de unos 30.000 argentinos, según los cálculos de los organismos de defensa de los derechos humanos.

Massera no pasó todos estos años en la cárcel, como ordenó aquel tribunal, sino que salió en libertad poco después, en 1990, gracias al indulto concedido por el presidente peronista Carlos Menem. En 1998 los jueces volvieron a imputarle por el delito de robo y secuestro de niños (hijos de mujeres desaparecidas tras pasar por instalaciones militares de la Armada) y en 2007, con el gobierno de Néstor Kirchner, la Corte Suprema declaró “inconstitucionales” los indultos de Menem y las leyes de Obediencia Debida y ordenó reabrir todos los casos de asesinatos ocurridos durante la dictadura. Para entonces, sin embargo, Massera ya estaba lo suficientemente enfermo y loco como para ser declarado “incapaz”.

El marino que legó a la Historia de la infamia las siglas de la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada) como sinónimo de horror, obtuvo el grado de almirante de manos de Juan Domingo Perón en 1974, con 49 años de edad, quizás el más joven de la Historia argentina. De buena presencia, muy mujeriego (lo que no impedía su imagen de católico fervoroso ni sus excelentes relaciones con la jerarquía de la Iglesia) Massera acababa de cumplir 51 años cuando, junto con el general Jorge Rafael Videla, y el jefe de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, formó el primer triunvirato militar que dio el golpe de Estado y derribó el ya tambaleante Gobierno de Isabel Perón. Los tres oficiales decidieron repartirse el poder por tercios, una para cada arma, y se lanzaron a una represión feroz, primero contra los “subversivos”, integrantes de los Montoneros y otros grupos armados de izquierda; “después contra los cómplices; luego, contra sus simpatizantes; y, por último, contra los indiferentes y a los tibios”, según explicó otro almirante de su misma ralea, Alfredo Oscar Saint-Jean.

Según palabras del periodista Horacio Verbitsky, que dirige hoy el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el almirante Massera se caracterizó por “su impostación operística, su debilidad por las actrices más jóvenes y por las metáforas más arcaicas, bíblicas, dentro de lo posible”. Fue el menos gris de los integrantes de las Juntas militares, pero no porque fuera más brillante o inteligente o menos cruel, sino porque disfrutaba con su papel público y exhibía encantado su poder. Conspiró contra sus compañeros militares, pero no para limitar la sangrienta locura en la que se habían implicado, sino para reclamar mayor parte del botín y de la “gloria”.

Es difícil describir las torturas, vejaciones y horrores que se cometieron en los centros clandestinos de detención que controló el almirante Emilio Massera. El informe elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que creó el presidente Alfonsín y que presidió el escritor Ernesto Sábato, recogió detalladamente la manera sistemática, organizada y disciplinada en la que se torturó y asesinó. La causa por los secuestros, quebrantos y asesinatos cometidos en el amplio grupo de edificios de la ESMA, a la salida de Buenos Aires, se está llevando a cabo actualmente en el Tribunal Federal número cinco, con 19 imputados. El tribunal tomó declaración precisamente ayer al cardenal Jorge Bergoglio, en relación con la desaparición de dos sacerdotes, “chupados” por un grupo de operaciones de la Armada.

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